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De la furia y la tristeza

Tropecé en mi archivo con esta vieja fábula de autoría anónima que dice así:

Érase que se era un reino encantado donde las cosas intangibles se volvían concretas…
Y en algún lugar de ese hermoso reino encantado había un estanque maravilloso.

Se trataba de una laguna de agua cristalina y pura donde nadaban peces de todos los colores habidos y por haber, que antojaban a cualquiera de darse un buen chapuzón.

Cierto día dos bellas mujeres se acercaron para bañarse en ese paradisiaco cuerpo de agua. Ellas se llamaban la Tristeza y la Furia.

La Furia, apurada como acostumbraba, sin saber a ciencia cierta por qué, se bañó rápidamente y a toda velocidad salió del agua…

Sin embargo, como una de las características de la Furia es que es ciega, o al menos no distingue claramente la realidad, como iba desnuda y apurada, se puso -al salir- la primera ropa que se encontró.

Pero no se dio cuenta que la ropa que se había puesto no era la suya, sino la de la Tristeza…
Sin embargo, con su clásica prisa, la furia se fue corriendo.

En cambio, la Tristeza, sin prisa y serena, dispuesta como siempre a quedarse en el lugar en donde esté, terminó tranquilamente su baño y, sin conciencia del paso del tiempo, con cierta pereza y lentamente salió del estanque maravilloso.

Pero al llegar a la orilla se dio cuenta que su ropa ya no estaba.

Sin embargo como todos sabemos, si hay algo que a la Tristeza no le agrada es quedar al desnudo, así que no le quedó otro remedio que ponerse la ropa que estaba junto al estanque maravilloso, y que usted y yo sabemos que era de la Furia.

Y cuentan que a partir de ese momento, muchas veces uno se encuentra con la Furia ciega, cruel, terrible y enfadada, pero si la observamos bien, veremos que esa aparente furia es solo un disfraz, pues en realidad detrás de la Furia se esconde la Tristeza.

Texto original del maestro:
Leopoldo Espinosa Benavides